Cuando comer produce culpa…

yapa20abr

Detectar qué otra emoción se esconde detrás de la culpa puede ser el primer paso para firmar la paz con la comida.

En el acto de comer es muy frecuente que se pongan en juego manifestaciones emocionales como placer o malestar. Comer en exceso suele ser una usina de culpa, no sólo en quienes tienen necesidad de adelgazar o están llevando adelante un plan, sino también en personas que no sufren ningún trastorno alimenticio. ¿Quién no ha sentido remordimiento alguna vez, en mayor o menor intensidad, luego de comerse una suculenta porción de torta?

¿A qué se debe ese malestar? El origen puede ser una tendencia perfeccionista al control, una baja tolerancia a la frustración o falsas creencias como pensar que ingerir algo fuera de una alimentación planificada significa «tirar todo por la borda». En estos casos, al esforzarse y ponerse límites para no caer en la tentación, la persona siente aún mayores deseos de comer y aumenta su riesgo de darse un atracón, con el posterior sentimiento de culpa.

¿Es un sentimiento justificado? Claro que no. Por un lado, aprender un hábito de alimentación nuevo implica hacer cambios lentos y progresivos. Por otra parte, si pretendemos nunca salirnos de lo previsto estamos negando la necesidad que tenemos de darnos gustos cada tanto. Y además, aceptémoslo, errar es humano y las tentaciones efectivamente existen.

En tanto, hay personas que creen que sobrepasaron algún límite cuando en realidad no es así. Por eso resulta tan efectivo llevar un registro de las comidas diarias adonde anote todo lo que ha comido, luego revisarlo y así saber si hubo excesos y de qué tipo. Quien descubra que, en efecto, comió de más podrá elaborar alguna estrategia para evitarlo la próxima vez. Por ejemplo, si tiene hambre a la tarde podría incluir una colación extra. Siempre será más constructivo buscar alternativas posibles para enfrentar la situación o la emoción que desemboca en un comer excesivo que quedarse en la culpa que generó esa comida.

La dificultad para controlar el apetito o las ganas de comer puede ser un termómetro de las necesidades insatisfechas en otras áreas. Según los expertos, algunas personas que no pueden disfrutar con el sexo opuesto, por ejemplo, intentan suplantar inconscientemente esa carencia con la gratificación de comer. Sería algo así como “llenar un vacío” con comida. En cualquier caso, por supuesto, no es una respuesta saludable. Por eso es tan importante acompañar un programa de adelgazamiento con espacios para conversar sobre este tipo de situaciones, como los grupos de autoayuda.

Si detectamos que nuestra forma de comer se relaciona con alguna instancia de insatisfacción, es importante preguntarnos qué cosas deseamos hacer y no hacemos. Escribir una lista de acciones postergadas suele ser de ayuda. Conocer el origen de la insatisfacción puede ser el primer paso para firmar la paz con la comida, eliminar la culpa y poner en marcha acciones positivas que ayuden a concretar los sueños.

Dra. Edith Barinaga

Prof. Dr. Alberto Cormillot

Las emociones influyen en la ingesta de alimentos

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